La biliotecaria's profilePapyrumPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
June 03 La Veneciana - Final
De pronto oímos un gran tumulto: salí y los encontré subiéndola por las escaleras. Se había arrojado al Canal. Que intentara matarse es algo que no puedo creer, pero si consideramos el miedo que los hombres y las mujeres que no saben nadar tienen a las aguas profundas, e incluso a las que no lo son (y sobre todo los venecianos, si bien viven sobre las olas), y que también era de noche, muy fría y muy oscura, resulta que ello debía de ser señal de que Margarita estaba poseída por algún espíritu maligno. La rescataron sin mucha dificultad y sin haberse lastimado demasiado, con excepción del agua salada que había tragado y del remojón que había sufrido. Vi entonces que intentaba reaccionar y envié por un médico a quien pregunté cuánto tomaría para que Margarita se restableciera de su agitación, y él dijo el tiempo. A lo que yo repliqué: «Le doy ese tiempo y más si así lo precisa, pero a la expiración del período prescrito, si ella no abandona la casa, lo haré yo». Todos los míos se quedaron lelos; Margarita siempre les había producido pánico, y ahora estaban como paralizados. Querían que fuera a la policía para pedir protección, etc., etc., como que eran una sarta de serviles y llorones gaznápiros. No hice nada de eso, pensando que podía terminar ya sea de un modo como de otro; además yo estaba habituado a las mujeres salvajes y conocía sus maneras. La despaché tranquilamente a su casa luego de su convalecencia y nunca la volví a ver desde entonces, salvo dos veces en la ópera, de lejos entre el público. Margarita hizo muchos intentos para regresar, pero ninguno violento. Y ésta es la historia de Margarita Cogni tanto como me concierne. Olvidé mencionar que era muy devota y que se persignaba cuando oía las campanas del Ángelus, si bien el gesto no parecía estar demasiado en consonancia con la manera como ella se comportaba en ese entonces. Era muy rápida para replicar. Un día, por ejemplo, hizo que me enfureciera mucho porque ella había golpeado a una persona. La llamé vacca (esta palabra italiana es un insulto muy grave y equivale a «puta»). Le dije vacca. Ella se volvió y, con una reverencia, me respondió: «Vacca tua, 'Celenza» (Puta tuya, Excelencia). En resumen, era, como dije antes, un animal muy fino, de notable belleza y energía, con muy buenas y divertidas cualidades, pero salvaje como una bruja y feroz como un demonio. Le gustaba vanagloriarse de su ascendencia sobre mí, contrastándola con la de otras mujeres y atribuyéndola a diversas razones físicas y morales que daban más crédito de su persona que de su modestia. Cierto era que todas trataron de deshacerse de Margarita y que ninguna tuvo éxito hasta que su necedad así lo hizo posible. Cada vez que había que competir y que, en ocasiones, era preciso encerrar a una y a otra en habitaciones separadas para evitar una batalla campal, ella, por lo general, tenía la preferencia. Muy sinceramente suyo y con mucho afecto, B.
La Veneciana
Lord Byron
|
|
|